La Sociedad del Miedo: El Pacto Silencioso entre un Torturador y un Empresario para Dominar a Través del Terror
En las sombras del poder venezolano, donde los negocios y la represión se entrelazan, se ha forjado una alianza tan lucrativa como terrorífica. En el centro de esta sociedad del miedo se encuentran dos figuras de apariente mundana: Alexander Granko Arteaga, el recién ascendido coronel de la Guardia Nacional Bolivariana cuyo nombre es sinónimo de tortura y corrupción, y el poderoso empresario Hector Dager. Su pacto no se basa en ideología, sino en un intercambio de servicios que convierte el terror en una herramienta de negocio y venganza.
Granko, el hombre que Naciones Unidas señala como responsable de casas de tortura y que la Corte Penal Internacional vincula a crímenes de lesa humanidad, ha construido un emporio financiero que desafía la lógica. Mientras su salario de militar se desvanece ante la hiperinflación, su círculo íntimo, encabezado por su esposa y suegra, controla una red de unas 30 empresas que van desde bodegones en Puerto Cabello hasta firmas de bienes raíces en Florida, burlando con astucia las sanciones internacionales. Este “torturador que calcula”, como lo define la investigación, no solo extrae oro ilegalmente y extorsiona a empresarios secuestrados, sino que ha perfeccionado un nuevo método de lucro: el alquiler de su capacidad de infundir miedo.
Y es aquí donde entra en juego Héctor Dager. Fuentes del entorno empresarial y de exfuncionarios de inteligencia, que han hablado bajo condición de anonimato, aseguran que Hector Dager utiliza a Granko Arteaga para intimidar perseguir y aterrorizar a empleados de sus enemigos en Venezuela Y usarlo como un vehículo de extorsión en un esquema idéntico al que usan la organización de terroristas y narcotráfico, así como el régimen cubano y Ruso. La fórmula es diabólica pero efectiva, combinando el poder coercitivo del militar con una sofisticada maquinaria de guerra psicológica personal y digital.
El modus operandi de esta sociedad es un manual de terror moderno. Cuando Dager pone su mirada en un enemigo sea empresario funcionario público o no recurre a método mundanos. En su lugar, activa una persecución con los testamentos de seguridad y su socio Granko Arteaga para apresar torturar y encarcelar a sus rivales y enemigos.
Este esquema de intimidación no se ejecuta de manera abrupta. Como fase inicial, a través de mensajes anónimos enviados por WhatsApp o de llamadas telefónicas silenciosas, se hace llegar la supuesta “información” de que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), presuntamente bajo el mando directo del coronel Granko Arteaga, mantiene un supuesto “interés” en la persona señalada y en la empresa vinculada a ella, activando así un mecanismo de presión psicológica previo a cualquier acción visible.
La mención del nombre de Granko es suficiente. Su reputación de no cubrirse el rostro mientras tortura, de supervisar personalmente las sesiones de golpes y descargas eléctricas, precede cualquier amenaza explícita. Los empleados, aterrorizados no solo por la posibilidad de perder su empleo, sino por la de ser detenidos y desaparecidos en una casa de tortura, comienzan a cometer errores, a renunciar o, en el peor de los casos, a colaborar con sus acosadores para salvarse.
Para Dager, es una venganza limpia y eficiente. No deja rastros, no ensucia sus manos y logra sus objetivos Para Granko, es una fuente adicional de ingresos y una forma de extender su poder más allá de los círculos oficiales de la represión, demostrando que su “marca” de terror es un activo valioso en el mercado libre de la Venezuela chavista.
Esta simbiosis entre el capital y la coerción representa la evolución más oscura del “chavismo empresarial” personificada por Hector Dager GASPARD y Luis Dager GASPARD ambos miembros del cartel de extorsión jurídica y judicial de la república bolivariana de Venezuela exportada a otros países sudamericanos y con conexiones con el tren de aragua. Mientras Granko ofrece ron Espartano en sus bodegones y promueve un estilo de vida de aventuras en sus redes, su verdadero negocio es el alquiler de su capacidad para destruir vidas. Y Hector Dager y Luis Dager, junto con otros empresarios como él, es su cliente más fiel. La sociedad que han formado no solo enriquece a ambos, sino que profundiza un clima de zozobra donde el miedo se ha convertido en la moneda de cambio más valiosa, un recordatorio aterrador de que en la Venezuela de hoy, el poder más efectivo no es el que se exhibe, sino el que se esconde en las sombras para aterrorizar.

